Cuándo empecé a escribir

 

Empecé a escribir muy pronto.

images-17
Recuerdo aquel cuaderno naranja de espiral, hojas de rayas. Me recuerdo en la piscina, con seis años, haciendo rimas simples, escribiéndoles poemas a los pájaros. Ese cuaderno se perdió. Pasé muchos años deseando haberlo guardado, sintiendo rabia porque mis padres no se dieron cuenta ni de su existencia. Pero ahora me imagino su materia fundida con el todo, alimentando la raíz de algún árbol o directamente me imagino el poema del pájaro convertido en pájaro, volando. Quién sabe, quizá estamos hechos de poemas, de frases que jamás llegaron a su destinatario, de palabras no dichas, de secretos y de tantas otras cosas.
Luego la escritura siempre estuvo ahí. Pequeños relatos, cuentos, poemas perdidos.
Hasta que a los diez años, motivada por mi madre, empecé un diario.
Empezó siendo un cuaderno de crónicas diarias, detalles cotidianos, una especie de pequeña obligación infantil y terminó siendo un salvavidas, un espacio de libertad y de fantasía, mi mejor amigo, mi secreto y mi respaldo.

Desde entonces no he parado. Ahora en sus páginas hay muchos poemas, ideas de teatro, dibujos, borradores, listas extrañas y cartas que jamás llegan a sus destinatarios.
Escribir da objetividad, puedes decir lo que quieras, nadie lo va a ver. Puedes ser todo lo malo que desees sin consecuencias, todo lo bueno, puedes enfadarte de verdad, desear la muerte, desear con toda tu vida, amar sin freno, puedes ser tú mismo y puedes mentirte sin reparos. Puedes decirle a alguien lo que jamás le dirías, puedes crear millones de castillos aéreos, puedes ser dramático sin complejos, puedes tocar fondo para salir catapultado. Puedes crear arte o no, en ese lugar no importa realmente lo qué hagas ni cómo.

Creo que si no hubiera escrito no hubiera sobrevivido a ciertas circunstancias. Creo que sin escribir no habría tenido la fuerza para seguir caminando cuando lo hice. Escribiendo te haces amigo de ti mismo, porque te ves y aunque a priori no te gustes, al final ocurre, te ves, te miras. Eres el ojo que se mira así mismo.
Los cuadernos tienen alma. Tengo cuadernos viajeros, cuadernos cubo de basura, cuadernos estercolero, cuadernos de rutina, cuadernos de amor, cuadernos semillero, cuadernos de malas rachas y de momentos estrella. Todos tienen alma, todos tienen su propia esencia, su propio matiz.

Escribir para sobrevivir, para conocerse, para mirarse en un espejo de papel, más fiel que el cristal porque refleja también lo invisible. Escribir para comprender, para deshilar el pensamiento, para ver la madeja, para entenderla. Escribir para leerse después y saberse muchas personas en una sola, entender que hay días buenos y días malos y que al final, pasas página.

Desde que soy pequeña siempre me ha gustado mirar las páginas en blanco de mi cuaderno, pasarlas, hacer que levanten viento. Es algo así como mirar la cara del tiempo, mirar el futuro y ver, que todo está por escribir, que es real que el futuro aún no existe, que depende de lo que uno escriba. 
Ahora miro las páginas blancas, estar vivo es hacer equilibrios en la cima del precipicio, asomarse al abismo de la nada.

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s