Comodín

Desear esto para todos y todo.

Ese es mi comodín cuando me siento culpablemente afortunada.

Desear todo esto (el río inmenso fluyendo, el sol de miel, el puerto con los viejos barcos de papel, el teatro en las calles, el amor por la cultura para la gente, las empedradas avenidas con sus flores salvajes bien cuidadas, los tejados de chocolate), para el mundo entero, pero desearlo de verdad, desearlo muy fuerte, desearlo con los músculos, las arterías y la sangre, como cuando aprietas los ojos para salir de una pesadilla, como cuando quieres guardar un instante en la memoria y le das fuerte y repetidamente a una supuesta tecla cerebral, “guardar recuerdo, guardar recuerdo”.

Si, eso es lo que hago, me aferro a mi comodín, como a un tronco flotante, para no ahogarme dentro de toda esta soportable levedad.

 

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