Gaviota

Escritos a la Sombra, octubre de 2011

 

Creí de veras que yo podría desencadenar el amor,

provocar el amor en ti,

sacar el amor de ti

para después volcarlo en mí.

 

No puedo.

 

Es inútil todo esfuerzo.

 

La gaviota se rinde frente al viento,

se deja llevar a la deriva,

hacia la profundidad del mar,

agotada,

lastimada,

el aire que era su habitad natural es sustituido por el profundo océano,

más espeso y denso

y la hunde como si la llenara de plomo o de hierro

o de una pena infinita.

 

Allí abajo,

moldeada por las mareas y la luna,

parece que vuela,

que vuela lentamente,

suspendida,

pero no.

 

Sólo muere.

Desaparece.

 

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