Un placer volver a verte

 

Invierno de 2013

Hay personas que las ves y parece que te conozcas de toda la vida. Es como estar separados mucho tiempo y de pronto un día, juntarse de nuevo. Como dos ríos que se distancian, hacen su viaje solos y luego otra vez, convergen, quién sabe si hasta el mar o hasta dónde.

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Hay personas que en cuanto las conoces, sabes a ciencia cierta (sin necesidad de cálculos ni de números ni de medidas ni de cuentas) que son tu familia, que hay algo natural, normal, como de siempre, de sobremesa y pan, de tarde de domingo que se hace noche, mientras los niños juegan sin la mirada de los adultos y los adultos hacen que no miran mientras hablan y fuman en el salón y se oyen sus carcajadas y todo está permitido, porque es un día de fiesta.

Hay gente con la que te encuentras de nuevo en esta vida y todo se llena de color .

La vida se llena de color porque da igual la dirección hacia la que va el camino, lo importante es estar él, caminando juntos, simplemente eso, un fin en sí mismo.

El camino se va llenando de amigos, AMIGOS en letras mayúsculas, compañeros de viaje, sin lastres ni fardos ni maletas, con aire en los bolsillos, con ganas de soñar despiertos, de celebrar la vida una vez más, porque todos los caminos, todos los ríos, terminan en el mismo destino.

Antes de ayer encontré a una de esas personas hermanas de alma.

Te miras a los ojos y lo sabes.

Se puede sostener el silencio, porque pesa poco y es etéreo. Se puede sostener la mirada, porque está llena de palabras y habla. Hay un deseo irreprimible de agarrarse de las manos y de preguntar “En este tiempo ¿cómo te ha ido?”.

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Y hablar y hablar para actualizar un archivo antiguo, de agua salada, de mar, un documento muy viejo que anida en algún lugar lejano, olvidado,  en el centro de mis más primitivos recuerdos.

Y volver.

Dormir en una casa muy blanca y soñar para despertarse dentro de otro sueño, confundir la verdad con la realidad.

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Nuestros hijos duermen juntos y se abrazan.

Suena la misma música todo el tiempo, es el silencio.

Y viene esa canción que escuché una vez y que vuelve y vuelve: “te conozco como un sueño bueno y viejo, te toco y te conozco, desde siempre desde lejos”

¿Qué más decir?

¡Un placer volver a verte!

 

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