Lo has conseguido

Desde que naciste supe que ya no podía posponer más la decisión.  La decisión de que el humo, el asfalto y el polvo quedarían lejos, para los días de domingo y visitas.

Desde que naciste me sumergí en el mundo de lo natural, de lo no-corrosivo, de lo no-contaminante. Pero no sólo en mi vida social o militante (historia para otro post) sino también en mi día a día, en mi cotidianidad.

Miro por la ventana, las cajas se apelmazan frente a la terraza y frente a la terraza está, expectante, la montaña.

PaisajeMonviso-225x300

Lo he conseguido. Lo has conseguido. Con tu nueva vida empujarme al origen, llevarme de nuevo a la tierra.

Los años más felices de mi vida los viví en la sierra. Llegué allí con nueve años, emocionada, las cumbres nevadas se veían desde la ventana de mi clase, cualquier lección de la profesora se quedaba pequeña frente a la grandeza de aquel cielo. Jugábamos a hacernos los muertos en el patio y los buitres tardaban poco en girar a nuestro alrededor, aceptando nuestro juego. Estábamos horas observándolos volar, deseando con todas nuestras fuerzas que bajaran a picotearnos los pies. En el patio de mi colegio había piedras gigantescas para saltar, había ardillas descaradas que nos engañaban  pícaras, para que les regalásemos nuestra merienda. Mi colegio no se llamaba “Divino Maestro” ni “Asunción de Nuestra Señora”, se llamaba “Pico de la Miel” y eso me provocaba una extraña dicha. A veces se ponía a nevar y nos teníamos que ir a casa corriendo porque sino la ruta corría el peligro de quedarse atrapada por la nieve. Había veces que nevaba tanto que no íbamos al colegio durante varios días.  Recuerdo que quedaba con Marta en mitad del camino nevado, veíamos las pisadas de los conejos y algún zorro sigiloso. El silencio blanco envolvía el valle, mi perro se revolcaba feliz en la nieve.  Entonces esos días eran una fiesta.

Gato-con-nieve-en-la-cabeza-300x225

Recuerdo aquellos atardeceres, el sonido del tomillo chisporroteando en la estufa de leña, aquel olor a lavanda. No puedo olvidar aquel cielo que se me caía encima, lleno de estrellas, la curiosidad de desear saber como se llamaba cada una de ellas.

No he podido olvidar aquella felicidad, lleva años cantándome al oído, escribiendo en mis cuadernos.

(Foto portada y montaña Nablues)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s