Frágil

A veces me embarga el miedo más atroz, la pesadilla, la posibilidad de que algo te pase. 

Desde que me separé he tenido que reforzar mi fe. Porque no puedo estar siempre mirándote, porque no puedo ser tras la puerta la eterna vigilante de tu rutina, de tu vida sin prisa, de tu exploración lejana, lejos de mi, en otra ciudad en vacaciones, en otra casa.

Sobrevivir a la imaginación de las posibilidades de tu vida en peligro solo se superan con fe (manteniendo las condiciones de seguridad fundamentales, por supuesto).

Tener fe en que la vida y el mundo te cuidan. Confiar en que eres superviviente y que el continum está en ti, a pesar de que nos alejemos tanto de ese latir esencial, de nuestro instinto primigenio.

Confío en el orden de las cosas, que vienen cuando han de venir, siempre para enseñarnos algo.

Desde que naciste y tu frágil cuerpo me afirmaba la muerte a la vez que la vida, he tenido que agarrarme al “que sea lo que Dios quiera” como un salvavidas en mitad de una tempestad.

¿Qué otra cosa hacer?

¿Amargarnos la vida? ¿Proyectar posibles finales? ¿Hacer real, en nuestra cabeza, aquello que jamás queremos que pase en vida? ¿Vivir sin vivir, imaginando tragedias, adelantándonos a todas sus  posibles caídas?

Es cierto, cuando nace un hijo nace también la realidad del peligro, la noción de nuestra mortalidad, de nuestra fragilidad en un tiempo finito, que no es eterno.

Desde que soy madre me dan más miedo las alturas, los hierros oxidados, los cristales que hay en el suelo, los coches, las carreteras, las puertas que de golpe se cierran, las vías, las ventanas, las escaleras.

Porque lo miro todo a través de tu fragilidad. Porque miro el mundo a través de tu cuerpo nuevo, porque quiero conservarte para siempre, porque no quiero pensar en lo impensable.

Pero no puedo controlarlo todo y frente a eso ¿que hago?

Confiar en que la vida te guarda, en que los pequeños ángeles tienen más ángeles grandes a su alrededor, en que tienes un halo que te protege, en que es verdad que eres de goma, en que si pasara lo impensable sería por algo, en que tu vida está conmigo ahora y en que es así como debe de ser.

En que todavía nos quedan muchas eternidades, en que has nacido para ser un hombre y en que el mundo te necesita, como necesita la noche al alba, como necesita el campo al agua. Que has nacido para vivir, que estás diseñado todo tú, para eso, que eres fuerte y que el tiempo está contigo, del lado de tu latido.

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¿Qué otra nos queda que confiar?

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