Amigas

Nos juntamos por la noche, planeamos la escapada, le robamos a la rutina un paréntesis, nos deslizamos, a veces, por la madrugada, para encontrarnos. Nos enseñamos nuestros malos pensamientos, volcamos nuestra sombra sobre la mesa y la desmigajamos, nos empatizamos mutuamente, nos reconocemos la una en el reflejo de la otra. Juntas, hacemos simple la complejidad, nos confesamos lo inconfesable, nos compartimos el lado oscuro, miramos detrás de la careta donde está nuestra cara y en ella, nuestra mirada. Podemos reír y llorar a la vez, hablar sin parar hasta que el silencio se posa en nosotras, y entonces es deleite tenernos la una a la otra. Y quizá pasen meses hasta que consigamos engañar a la rutina y a lo urgente y consigamos juntarnos para lo verdaderamente importante. Pero no importa porque el tiempo se convierte en algo relativo  y la distancia se empequeñece, porque queda latiendo, vivo, el recuerdo del encuentro.

 

A todas mis amigas, mujeres, madres y no madres, esas por las que dejo de hacer lo urgente para hacer lo importante.

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