El cuarto de Yan

Cuando te vas unos días se me recupera el amor que por ti siento, a veces un poco gastado por la rutina . Entonces la casa respira  quietud, entro a tu cuarto que está lleno de tu huella y lo observo. Entonces mi amor por ti, renovado y fresco, decide ponerse manos a la obra y prepararte una sorpresa que renueve tus juegos, que sorprenda tu imaginación de niño, tan pura. Cambio las cosas de sitio, te pongo al alcance nuevos materiales para que puedas recrear esos mundos de adultos a tu manera: cajitas con botones, nueces, conchas, una mesita con un mantel y sus cubiertos, muy chiquititos, un pequeño juego de escoba-recogedor-fregona que se que te va a volver loco y las castañas que recogimos este otoño y que nunca nos comimos. Todo dispuesto con tacto, en recipientes de metal, madera y plástico para que puedas jugar (tu juego en alza) a las cocinitas, a hacerme la comida y limpiar la casa.  Entonces me emociono y pienso: “Pequeño hombre, eres un ser terminado, listo, preparado para vivir, eres el futuro que sostengo, cuidadosamente con mis manos. Y tu tiempo se me escurre como el agua fresca, y tu vida me evidencia que la vida pasa y entonces sólo se una cosa: que deseo que mi amor deje en ti una huella, la huella de haber sido amado sabiendo lo que eres: un hombre muy grande en un cuerpo muy pequeño”.

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