Dedico este canto, este día

24 de diciembre, 2013

Voy por la carretera conduciendo, está diluviando. Zapatos viejos de tacón sobre un embrague cansado.

La cena de Noche Buena y Navidad siempre fue para mi una fiesta de disfraces o más bien de caretas, máscaras y antifaces. Ves a la gente por la calle y sabes a lo que casi todos van. Vestidos de fiesta, las ropas, como siempre, me confunden. Cuesta saber quién es quién, ver la desnudez entre tanto artificio.

Llueve a cántaros sobre el asfalto  y no puedo no pensar en los que duermen sobre el cemento, los hijos de las calles, en nidos de piedra y alambre.



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Y sin embargo, no puedo ya dejar de ser feliz, no puedo dejar de cantar la vida, me liberé de toda aquella culpa, como una forma de respirar, como si fuera fácil vivir, ahora creo que tengo los ojos abiertos y miro.

Pasé grandes periodos de mi vida mecida por la culpa, la culpa de haber nacido bajo un techo, tener esta estabilidad, esta normalidad anormal del plato sobre la mesa. Ella me impedía señalar la belleza ya que era un bien escasamente mirado, valorado, ya que evidenciar eso parecía un insulto si había tanta fealdad y tanta miseria. Y sin embargo, no cantarla me ponía del lado de lo gris, que me absorbía hacia su eterno mal humor y desagrado, hacia su suicidio pactado de antemano.

Ahora, lo confieso, mis escritos y mi felicidad tienen siempre un poso triste pero certero, que no me inmoviliza, algo despierto y consciente, la huella de “los muertos de mi felicidad” como diría Silvio Rodriguez en su canción. Aquellos en los que pienso cada día y cada hora, cada momento en el que amo con todo mi ser a la gente y a la vida, la fortuna que poseo, la suerte de tener esta mirada.

Unknown

 

Esta mirada de colores intensos, que se derrite ante el claro-oscuro, que celebra los atardeceres, las brumas y las luces bajas.

Por que no la deseo para mi sola, porque deseo que mi bien se agrande y lo bañe todo.

No me atrevo a afirmar que yo seguiría cantando la belleza en una situación de guerra o miseria. Se que en mi vida personal así lo hice, fue mi salvavidas.

Pero lo que importa ahora mismo es que otros SI lo hacen y lo hicieron siempre. Seguro que suenan mucho más hermosos los violines cuando se enfrentan al ruido. Por que su canto combate desde la dulzura. Y la belleza es más grande cuando baila rebelde frente al odio y la maldad, por que en ella se respira el bien.

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Hoy doy mi canto y mi pensamiento a todos  esos poetas de guerra y miseria, a todos los que no pueden no mostrar la belleza aun cuando el mundo se derrumba, a aquellos que frente al crimen, le abren la mano al bien que duerme en la belleza, a los que ahora mismo, en este preciso instante, cantan de nuevo, entre las ruinas, bañando de sol a los demás. Dedico mi día a los que transforman el dolor propio y el ajeno, en arte, en posibilidad, en semilla. 

Gracias a ellos el mundo gira, ahora mismo puedo sentirlos en mis manos, esas que garabatean mi cuaderno y que se expresan por este teclado.

A todos ellos.

A todos vosotros.

Feliz Navidad. 

 

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