Cómo morir

Conduzco el desvencijado pero resistente coche por la carretera de un solo carril, el calor hace ondear el aire como si el mundo estuviera siendo cocinado. Me pierdo varias veces por la pequeña carretera hasta llegar al tanatorio, que está demasiado lejos de la ciudad, verdaderamente escondido, como si la muerte fuera una isla aparte de la vida, como queriendo vivir con la evidencia tapada, como en  un intento de hacer separable lo que nace unido, dos siamesas que comparten corazón.

Luego me emociono de ver la emoción salir de la gente que conozco, de mi familia, cercana y no tan cercana. Me emociona ver como brota de súbito el alma del cuerpo, ablandando los contornos, haciendo más dulce el gesto, más verdadero. 

Entonces, entre el público del teatro del adiós, comienzan las teorías sobre como morir mejor. La mayoría apuesta por el “patatús”, rápido, indoloro, la muerte sorpresa. Todos temen la enfermedad, la larga y prolongada trayectoria hasta la meta. Todo tiene sus ventajas y sus inconvenientes pienso en silencio yo. Yo quisiera enterarme, supongo, decir adiós a los que amo, deleitarme en aquello que nunca me atreví a decir y decirlo con el aval y la seguridad de saberme terminando, yo quisiera que fuera una muerte suave, como dicen los beréberes (creo) en su ceremonia de los tres tés.

Sea lo que sea, la muerte del hermano de mi padre, mi tío, me ha ondeado. Me he puesto a recordar cada gesto con el prisma que da mirar las cosas que ya han tenido un final, observas entonces a las personas que se van y por alguna extraña razón  brilla la bondad, como una perla en la arena. Aparecen esos gestos enterrados y lamentas no haber estado más cerca.

Tan solo podía escuchar a mis doloridas primas, interrogar junto a ellas a la vida, darle un sentido al orden de las caídas para ver si en esa inercia se revelaban los resultados de algún teorema.

Conduzco de vuelta, camino a casa.

Vivamos con la muerte cerca para vivir plenamente la vida.

En mi recuerdo, Álvaro, por tus tortillas y por el sol que salía los domingos para saludarte, deseo que escucharas mis palabras de adiós, aquello que te confesé. 

 

Anuncios

2 comments

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s