¿Por qué empezamos al revés?

Nos acostamos primero, antes de tocarse las manos lo hacen los cuerpos, los sexos, después hablamos, horas enteras, noches enteras, nos conocemos desde el cuerpo hacia el alma y luego, tras todas esas confianzas, queremos después hacernos amigos, ser compañeros y comenzar un compromiso serio.

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Pero a veces, entre las sábanas de un amor sin palabras, de tacto y roce, descubres que aquel con quien compartes la parte más íntima de tu ser, tu sexualidad, no tiene ni un sólo atributo para poder ser tu amigo de verdad algún día, y en mi caso, me veo, amando a alguien a quien no conozco y que tampoco quiere conocerme más y que no desea atravesar la frontera más allá de mi cuerpo, abrir la puerta hacia ese otro paraíso florido en donde están mis flores más bellas y también mis secretos, oscuros, deseando que entre la luz.

Y ese dolor te puede derribar, el de ajustar tu sueño a la realidad.

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Empezamos, no todas claro está, pero si muchas, empezamos al revés, comenzamos a edificar un hermoso y sensual tejado repleto de placeres exquisitos y códigos que sólo los cuerpos entienden y después, al menos yo, me veo intentando sostener lo insostenible, me encuentro sujetando un tejado en el aire con mis pequeñas manos, sufriendo por intentar encajar cada pieza, peleando por construir unos cimientos cuando la casa se alza sobre suelo movedizo.

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Así he sido.

Y me atrevo a decir que he cambiado.

Ahora tengo en mí, la figura del padre que nunca tuve, esa figura cuya voz vela por nuestro futuro, por nuestra felicidad al fin y al cabo y cuando conozco a un hombre ahí esta su voz: “¿Te conviene?”, “¿Te hace sentir bien?”, ¿Quiere saber como eres y quien eres?”, “¿Le interesas más allá de echar un polvo?”, “¿Está preparado para algo más profundo?”. Esa figura del buen padre, del cuidador de sus hijas, viene a prevenirme de aquello que aprendí con verdadero dolor, de aquello que lloré a mares con mi cría entre los brazos, esos pilares que trataba de edificar sobre las salvajes corrientes marinas.

Ahora si, como ya he dicho en otras ocasiones y como mi abuela siempre quiso, me he convertido en toda una dama, si le merezco la pena, que se espere, si realmente le intereso, que tenga paciencia, si quiere estar conmigo, que empiece como es debido: la casa por los cimientos.

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