Ellos también te aman

En este silencio de tu voz recuerdo tu voz.

En esta lejanía de tu cuerpo, siento tus manos cuando se posaron en mi vientre, tan íntimas y sinceras.

En esta ausencia de palabras recuerdo todos tus poemas y se me clavan, sellan mi propia palabra y entonces enmudezco.

En este vacío de tu mirada te recuerdo, sentado o de pie, siempre mirándome y entonces te añoro, te añoro con hambre de leona, te extraño con las brasas que has dejado, te amo con la pesadez de mis fardos, con el ruido de mis corazas, con tus sombras, espejos de mis monstruos, te amo con las huellas inacabadas en la senda hacia mi centro, con la ausencia del futuro que juntos construimos, con la nostalgia de quererlo cuando ya se perdió.

Debo reconocerlo, en secreto puse ladrillos, levanté torres muy altas, esculpí figuras en la fortaleza de nuestro castillo, fueron más que esas piedras cobardes que dije que tiré en los huecos de los cimientos. Y sigo sin comprender porque no fui capaz de reconocerlo. Le he preguntado a mis monstruos. Me miran tristes con la boca tapada. Sabes, creo que ellos también te aman.

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