Nuestra nueva religión

He descubierto que también a ti te pasa.

Con tu tierna edad sólo te sacian las respuestas que van más allá. Entonces entiendo a los griegos inventando dioses, los dioses que yo ahora invento para ti, los dioses en los que yo creo.

Y entonces construyo día a día nuestra nueva religión.

Cuando me preguntas el por qué de la niebla te cuento que las nubes a veces bajan a besar la tierra, por que la echan de menos, porque sienten nostalgia, porque antes ellas también estaban en ella, siendo lago o siendo el río que baila con las piedras.

De la lluvia te digo que las nubes a veces lloran, de tristeza o de alegría y que cuando graniza fuerte es que necesitan enfadarse, como a veces nos pasa a nosotros y que después sale el sol o la noche se queda limpia, azulada.

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La nieve es de nuevo una caricia, un intento del agua de hacerse silueta, porque el agua a veces desea ser el abrigo de las montañas o muñeco de nieve, porque el agua a veces quiere parecerse a la arena para que juegues con ella, para ser castillo de nieve o cueva, hacerse figura, dejar de estar siempre mojada.

Hoy me preguntaste, intrigado, por el arcoiris que veíamos al salir de casa, lleno de color, erguido como un gigante que quiere que  todos lo miren. A veces, te contesté, convertidos en lluvia y en sol, el agua y el fuego tienen la oportunidad de abrazarse y cuando lo hacen, se funden juntos en un tobogán de color sobre el cual se deslizan por unos momentos, muertos de la risa. Cuando se abrazan no se lo guardan para ellos solos, quieren que su amor se vea desde lejos y lo cantan muy alto para regalarnos la belleza que demuestra que un amor así es posible.

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En nuestra religión las cosas hablan, también los animales y los árboles. La comida susurra un “te amo” cuando a traviesa en su viaje el túnel de tu garganta, el viento quiere colarse entre tu abrigo y tu cuerpo si no te lo abrochas hasta arriba y hace cosquillas que dan escalofríos e intentan que te pongas malito, menos mal que las cremalleras hacen de frontera y dejan todos los huracanes fuera.

En nuestra religión todas las cosas cuentan su historia, los caminos hablan de millones de pisadas, las frutas hablan de la flor, los pájaros le cantan al día un “¡escucha, estamos todos vivos!” y el sol y la luna existen para ti, amor. Existen para los que los miramos y también para los que olvidamos que están ahí.

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Hoy me confesaste tu amor por la luna. “La quiero” me dijiste. “Yo también” te contesté.

Iré escribiendo nuestro libro sagrado. Estará fabricado de hojas de árbol, tierra y poemas. Iré cantando para ti, la voz que del mundo escucho yo, a través de ti, de las preguntas que tu me lanzas, como barcos que viajan dentro de botellas, como cartas o como grullas.

Iré construyendo nuestra religión, tendrá las puertas abiertas y se podrá reescribir cada mañana, solo tendremos que escuchar la voz del mundo cuando te habla.

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Solo tendré que estar mas cerca, vivir a ratos en tu mirada.

Solo me hará falta mirar por la ventana.

Si, sin duda, nuestra nueva religión

a mi también me sacia.

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2 comments

  1. Me ha encantado “Nuestra nueva Religion” Que sensibilidad, que dulzura. Creo que los hijos sacan lo mejor de cada una. Seguiré leyendoteeee. Un abrazo¡¡¡

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